El proyecto parte de una reflexión sobre la dificultad de trasladar la heráldica institucional tradicional a los soportes de comunicación contemporáneos. El escudo oficial, pensado para contextos protocolarios y jurídicos, presenta limitaciones claras en entornos digitales, señalética o comunicación cultural por su nivel de detalle y complejidad formal.

La propuesta hipotética plantea una marca gráfica de comunicación paralela, que no sustituye en ningún caso la heráldica institucional, sino que convive con ella. Se concibe como un sistema visual pensado para soportes cotidianos y de difusión pública, donde la legibilidad, la síntesis y la coherencia son clave.

El símbolo se construye a partir de una abstracción geométrica de elementos heráldicos reconocibles. Los trazos orgánicos se sustituyen por formas simples y sólidas que garantizan su funcionamiento en tamaños reducidos. La corona se reinterpreta mediante puntas geométricas, integrando las estrellas como parte estructural del conjunto y manteniendo su valor simbólico desde una lectura visual contemporánea.

La identidad tipográfica se articula a partir de Voltaire, una sans-serif semi-geométrica que conecta dos capas fundamentales de la ciudad: su herencia histórica y su pasado industrial. Su verticalidad y tensión remiten a la epigrafía clásica, mientras que su construcción rígida y de bajo contraste dialoga con la memoria metalúrgica del Puerto de Sagunto y los Altos Hornos.

Finalmente, el sistema se completa con un desdoble tipográfico funcional. Voltaire se reserva para el logotipo y elementos de alta carga identitaria, mientras que Montserrat actúa como tipografía de apoyo en cargos, textos informativos y datos de contacto. Esta combinación permite equilibrar carácter y legibilidad, estableciendo jerarquías claras dentro del sistema.